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viernes, 16 de septiembre de 2016

Croquetas de pollo a l'ast reciclado

¡No cabe ni un alma! Tremendo el número de extranjeros que nos han visitado este verano. Una auténtica burrada. Parece que a los turistas, igual que a los nacionales, les importa muy poco la falta de gobierno. Mientras haya sol (y eso aún no depende de la voluntad del Congreso) seguirán viniendo en masa a quemarse en nuestras playas, a beber barato sin importarles lo que se tragan y a comer pseudo-paellas. Hasta ahora el tema estaba controlado pero en los últimos meses comienza a haber problemas para clavar la sombrilla en la arena, a los jubilados les ha salido competencia y por mucho que madruguen ya hay alguien que les ha ocupado “su” primera línea de playa. ¡Pero cómo se atreven! ¡Sacrilegio! En muchas localidades las autoridades han tenido que poner orden prohibiendo la entrada a la playa con las sillas, tumbonas… hasta que no den las nueve de la mañana. Además se mide con metro, no a ojo, la distancia mínima que se debe mantener entre las sombrillas y la orilla del mar. Si la cosa sigue así que a nadie le extrañe que el próximo verano nos encontremos con playas en las que haya que pagar para poder entrar. Eso sí, los ayuntamientos dirán que es una medida para prevenir accidentes, tumultos, para mejorar los servicios, etc. Y lo que es peor, la gente tragará.  ¿No hemos “aceptado” e incluso ya vemos normal la zona azul para aparcar, los copagos sanitarios, las tasas judiciales, el impuesto al sol (a la energía solar)…? “Cocina para novatos” tiene claro que cuando un Ayuntamiento de el primer paso y haga pagar por entrar en una playa serán multitud los que le imitaran. Ojala nos equivoquemos, pero el rumor ha comenzado a circular. 

Pues por si acaso, vamos a empezar a ahorrar, para ello reciclaremos una pechuga de pollo asado y la convertiremos en unas magníficas croquetas de pollo a l'ast. 

Ingredientes: Pollo a l'ast sobrado (en este caso la pechuga), cebolla, harina maicena, jamón, nata ligera de cocina, pan rallado y huevo.

Primero. Si queréis que las croquetas tengan verdadero sabor a pollo a l'ast utilizamos para sofreir la cebolla troceada el propio aceite-grasa que venía con el pollo. Mientras la cebolla se va haciendo poco a poco, cortamos el pollo en trozos pequeños (a gusto del consumidor).


La cebolla friéndose con el aceite del pollo
La pechuga del pollo
El pollo troceado








Segundo. Cuando la cebolla esté casi transparente, añadimos los taquitos de jamón y poco después la cucharada de maicena. Damos unas vueltas para que se haga una pastita. En esta ocasión como teníamos más "caldo" del pollo a l'ast, también lo hemos añadido. Quedarán muy fuertes, lo sabemos. Pero estarán buenas.


Añadimos la harina y damos unas vueltas.

La cebolla y el jamón


Tercero. Es el momento de añadir la nata de cocinar y el pollo troceado. A dar vueltas sin parar. Ahora es cuando debéis sacar partido a las muchas horas de gimnasio.

También podríais usar leche
 normal y corriente
Remover y remover sin parar
















Cuarto. Cuando la pasta quede suficientemente sólida y manejable la retiramos del fuego y esperamos a que se enfríe, si es posible en la nevera, así luego será mucho más fácil de moldear.

Ya se podría comer sin problemas

Quinto. Unas horas en el frigorífico y empezamos a trabajar la plastilina. El resultado final dependerá de vuestra habilidad. Ponemos a calentar el aceite. Mientras batimos un huevo. El sistema es: pasar las croquetas por el huevo, luego por el pan rallado, luego al fuego y luego dejar que pierdan el aceite sobrante sobre un papel de cocina.

Las croquetas ya parecen algo

Aceite de oliva o de semillas, a vuestro gusto 

El resultado final son unas croquetas con sabor a pollo a l'ast, un sabor fuerte que encanta a todo el mundo. Probadlas están de muerte.

No sobró ni una
Hasta la próxima.

sábado, 4 de junio de 2016

Supercroqueta de merluza, jamón y gambas

¡Qué barato viajan! No estamos hablando de los viajes del Imserso, sino de las frutas y otros productos que encontramos en la mayoría de los supermercados. Si podéis ver la procedencia, por ejemplo, de las manzanas, os sorprenderá que muchas de ellas vienen de Sudamérica. Sí, han cruzado el Atlántico, miles de kilómetros para acabar siendo vendidas a poco más de un euro por kilo. ¿Cómo es posible? Esta realidad nos abre muchas incógnitas:

. ¿Por qué hay que acudir a comprarlas tan lejos cuando en España se han abandonado las tierras de cultivo?
. ¿Cuál es el coste en "contaminación" que supone su transporte?
. ¿A cuánto se le comprará el producto en origen?
. ¿Qué sueldos de miseria deberán pagarse a los trabajadores para que la fruta sea tan "barata" en Europa?
. ¿Cómo se conserva técnicamente tan bien -del sabor mejor no hablar-?

La globalización ha llegado para quedarse pero en la cocina, y en general los alimentos, no todo es positivo. Está claro que ahora tenemos acceso a todo tipo de productos pero no menos cierto es que las grandes multinacionales de la alimentación están marcando qué producir, dónde hacerlo y a qué precios sin importarles demasiado las condiciones ambientales, salariales e incluso las sanitarias.

Cambiando de tema totalmente, hoy os proponemos unas croquetas de merluza con taquitos de jamón y gambas. Un auténtico manjar.

Ingredientes: Merluza, un par de gambas rojas, unos taquitos de jamón cortados pequeños, cebolla, huevo, pan rallado y aceite.

En principio con dos gambas hay suficiente



Primero. Preparamos el caldo base para la bechamel, para ello pelamos las gambas y en una olla ponemos la merluza (en este caso tres trozos de una bolsa) las pieles y las cabezas de las gambas, una hoja de laurel y unos granos de pimienta. Al fuego unos minutos. Colamos el caldo y lo reservamos. La merluza la troceamos. 

Las pieles de las gambas
darán color y sabor
Cuanta más merluza, más
 croquetas






El caldo en ebullición
El caldo ya colado


Segundo. Sofreímos las gambas (la molla) las cortamos y las mezclamos con la merluza troceada (la del caldo) y los taquitos de jamón.



Queremos que se "note" la merluza por eso no la picamos

Tercero. Picamos fina media cebolla y sofreímos. Cuando esté dorada añadimos la harina (un par de cucharadas). Removemos un minuto y ya empezamos a agregar el caldo dando vueltas todo el tiempo (es un poco "coñazo").

La cebolla es fundamental
La harina se hará una pasta


El caldo lo añadiremos poco a poco

Cuarto. Cuando la harina ya esté totalmente disuelta es el momento de echar la mezcla de merluza y jamón. Y a dar vueltas. Cuando os canséis, parad. La sacáis del fuego y cuando enfría a la nevera para que luego sea más fácil de manejar.


Las gambas le han dado un color rojizo-rosado

Quinto. Después de que la masa ha enfriado totalmente, vamos a elaborar las croquetas. Les damos la forma que queramos o podamos, las pasamos por huevo batido, pan rayado y al fuego (debe estar caliente). Y ya está. 

El huevo, el pan y la masa

Pasadas por el huevo
Rebozadas en pan y friendo


Pinta y sabor magnífico

Novatos, animaros, parece complicado pero es fácil, sólo hay que tener paciencia. Si ni eso tenéis os quedan dos opciones: comprarlas hechas congeladas y freírlas; o volver a casa de vuestra madre. Siempre nos quedará el tupper.

Hasta la próxima.



martes, 1 de diciembre de 2015

Croquetas del puchero enriquecidas con botifarra

¿Reciclar? Sí, pero todos. Estos días se está celebrando la Cumbre del Clima en París. Allí han acudido todos los grandes mandatarios del mundo y Rajoy. Los países más contaminantes han entonado el mea culpa y han hecho propuestas de enmienda pero "Cocina para novatos" tiene claro que las medidas a tomar llegan tarde. ¡Ojalá nos equivoquemos! 

Una de las pocas cosas que está en nuestras manos para salvar al Planeta consiste en consumir menos y reciclar más. La cocina y todo lo que gira en torno a ella es un terreno en el que el reciclaje ya tiene una larga tradición. Separar las latas, los plásticos, el vidrio, la basura orgánica... es una práctica habitual en la mayoría de los hogares. Además en todos los colegios se insiste mucho a los niños desde bien pequeños por lo que es una batalla que empieza a estar ganada. 

Otra lucha que parece bien encaminada es la de las bolsas de plástico. El hecho que haya que pagarlas ha impedido que muchísimas de estas bolsas acaben en el mar, en esa isla de miles de kilómetros cuadrados de la que todo el mundo habla pero que nadie ha visto. (En youtube no aparece, y si no aparece ahí...) Donde "Cocina para novatos" se subleva es en el hecho que da la impresión de que sólo tengamos que reciclar los que vamos al súper, y los que van a las boutiques ¿qué?. ¿Que esas bolsas no son de plástico?. Sí me diréis, muchas son de papel. Muchas puede ser, pero no todas. Y que me decís de los bazares, de las verdulerías, de las farmacias, de las ferreterías, de las jugueterías... No ellos parece que no tienen que reciclar, los únicos responsables del cambio climático son los supermercados. JA, JA y JA. O nos ponemos todos en serio o este mundo se acaba en cuatro días. 

Hablando de reciclar, hoy vamos a preparar una receta con "sobras" que hemos encontrado por la nevera (bueno, sobras, sobras no son). Preparemos unas croquetas de la carne del puchero y le añadiremos para potenciar el sabor un trozo de botifarra (en este caso morcilla de arroz) que estaba dando vueltas por el frigorífico esperando su momento estelar.

Los ingredientes son la carne del cocido-puchero, la botifarra, unos garbanzos del puchero un poco de caldo también del puchero, el pan rallado y el huevo.

Primero. Picamos la carne (previamente hemos quitado todos los huesos. Es evidente, pero para que ningún "novato" meta la pata hay que recordarlo) y reservamos. Quitamos la piel de los garbanzos y reservamos. 


Los ingredientes más importantes
Lo de quitar la piel a los garbanzos es
 opcional pero es más que recomendable















Segundo. En la cazuela ponemos a sofreir la botifarra desmenuzada. Cuando haya cogido el punto, añadimos los garbanzos bien machacados (harán básicamente la misma función que la harina en una bechamel). 


Queda como una pasta poco agradable a la vista
La morcilla es de arroz






Tercero. Vamos añadiendo un poco de caldo del cocido para que la masa no quede muy seca. Ponemos la carne picada. Damos unas vueltas, a vuestro gusto y dejamos que la masa enfríe para poder trabajarla.


Parece o no una bechamel
A remover















Cuarto. Pasadas unas horas (mejor que la mezcla esté en el frigorífico) ya podremos trabajar las croquetas. Como siempre os digo, como si jugarais con plastilina. Las pasáis por huevo, por pan rallado. 


Parece hormigón

En esta ocasión salieron casi perfectas
Quinto. Freir. Y ya está. Sabrosísimas y contundentes.


Cada vez os quedarán mejor

Bueno y si aún no os atrevéis a prepararlas vosotros mismos, debeis saber que en todos los supermercados venden unas congeladas que también están buenas. No tienen ni por asomo este nivelazo, pero se dejan comer. Y si tampoco os atrevéis a freirlas podéis acudir al bar más cercano y como último recurso a casa de vuestra madre (como siempre: ellas no se enfadan pero ya va siendo hora de no abusar).

Hasta la próxima

miércoles, 28 de octubre de 2015

Merluza camuflada

¿Quieres que tú hijo coma pescado? "Cocina para novatos" te da la solución. Hoy vamos a preparar unas croquetas de merluza "camufladas" con jamón que están de vicio. Os advierto que es un plato fácil de cocinar pero que requiere su tiempo, y por qué no decirlo: músculo. 

Las croquetas, si están medianamente bien hechas, son un manjar; da igual que sean de pollo, de cocido, de merluza, de bacalao... Aún no está documentado el caso de una familia que tuviera croquetas para cenar y no se las comiera todas. Si conocéis a alguien que haya cometido esa atrocidad que se ponga en contacto con Iker Jiménez.

Amigos de "Cocina para novatos" aquí tenéis los ingredientes que vamos a utilizar. Aunque algún día iremos al Mercado Central, hoy seguimos echando mano del súper más cercano.


La merluza es congelada. ¿Qué pensabais?
Realmente el noventa y pico por ciento de las croquetas tienen bechamel, que como bien sabéis no es otra cosa que harina revuelta con un líquido al que se añaden tropezones. Por mucho que os digan: es eso. Luego haces bolitas o bastoncitos según la maña que tengas, los rebozas y los fríes. Y ya está. Pero vamos paso a paso.

Primero: Hervimos en poca agua unos trozos de merluza (si está congelada da igual). Para darle algo de sabor he puesto unos granos de pimienta y una hoja de laurel. -Opcional-. Ojo: no pongáis la bolsa entera, con tres trozos que estén bien hay bastante.


La merluza se cuece en un momento
Segundo: Colamos el caldo y lo reservamos (dejamos a parte). La merluza la desmenuzamos. En esta ocasión como pensamos que hemos hecho poco caldo, añadiremos también medio vaso de leche. (Que me perdonen los profesionales de la cocina).



Aún hay que desmenuzarlos más
Tercero: Picamos media cebolla y hacemos el sofrito. A "ojímetro", cuando veáis que está poniéndose blandita es que ya ha llegado el momento de añadir los taquitos de jamón. 


La cebolla con la leche y el caldo al fondo
El jamón vale para todo
Esperamos a que el jamón coja color. Tampoco hay que ser ningún experto, y además, es muy, pero que múy difícil que el jamón se queme. Por ese lado no hay problema.


Cuarto: Comienza lo realmente complicado. Vamos a poner un par de cucharadas de harina. Como habéis visto en la foto de los ingredientes, seguimos decantándonos por la Maizena (es la única que tenía en casa). Un minuto, más o menos, dándole vueltas con el jamón y la cebolla y comenzamos a echar la mezcla de leche y caldo de merluza. 



Es importante que la harina no se queme


Ponemos un poco de líquido y a remover
Quinto: Es el momento de mezclar los pedacitos de merluza. Más caldo-leche, y a remover. A remover, a remover. En  esta ocasión estuvimos 25 minutos. La verdad es que la masa estaba demasiado líquida así que tuvimos la genial idea de poner más harina pensando que espesaría: ERROR. Comenzaron a salir bolitas blancas, lo que los entendidos llaman grumos, y hasta que no acabamos con ellos no pudimos parar. Al final salvamos dignamente la situación. Quedó la masa blanda, pero no hay problema: directo a la nevera.


Echando los trozitos de merluza 


Mover y mover

Que enfríe un poco y a la nevera
Sexto: Después de un buen rato en el frigorífico ya podemos manipular la masa. Dependiendo de la gracia que cada uno tenga le saldrán mejor o peor. Pero como no son para un concurso, da igual. Lo importante es el sabor y estás quedaron de categoría. Bueno lo de siempre: pasarlas por huevo, pan rallado y al aceite.


Nota: el aceite no era de oliva

Así quedaron: varios tamaños y varias formas

No sobró ni una. Ya os lo decía yo, es imposible que estando más o menos normales se quede alguna en el plato.

Animaros y hacedlas, la combinación de jamón y merluza es espectacular. 

Hasta la próxima.